Seguro que alguna vez te has encontrado con un vagabundo, le has dado dinero, le has contemplado mientras se marchaba y te ha entrado la duda : 'A lo mejor se lo va a gastar en bebida, en droga, o quizás es un holgazán y yo le acabo de ayudar para que lo siga siendo.' Es posible que en alguna ocasión estés en lo cierto, pero no siempre. ¿Qué deberíamos hacer entonces ? En el capítulo ocho de la segunda carta a los Corintios , Dios nos da un plan que debemos entender y seguir. La Iglesia de Macedonia lo hizo así: 1) Todos participaron en dar, tanto los pudientes como los necesitados: En medio de...... su pobreza extrema abundaron en rica generosidad....dieron espontáneamente tanto como podían, y aún más de lo que podían...." 2) Dieron con alegría, no obligados: "...Rogándonos con insistencia que les concediéramos el privilegio de tomar parte en esa ayuda..." 3) Su generosidad fue una consecuencia de su devoción a Cristo. "....Se entregaron a sí mismos, primeramente al Señor y después a nosotros...." . Los macedonios no dieron para impresionar a nadie, ni para desgravarlo de los impuestos, ni para quitarse al predicador de encima, ni siquiera porque se sentían "mal" respecto a los necesitados. No, su ofrenda fue la respuesta natural de su amor por Jesús. 4) Los líderes de la iglesia lo recibieron, lo supervisaron y distribuyeron esta ofrenda colectiva. Los macedonios no fueron ingenuos al dar, confiando en la integridad de alguien que no conocían ni sabían si iba a ser fiel con el dinero. Veamos cómo Sus líderes distribuyeron los donativos con trasparencia ,claridad y rindiendo cuentas . Los dadores sabían que las finanzas estaban manejadas con honradez "...no sólo delante del Señor sino también delante de los demás...." En resumidas cuentas: puedes dar sin amar, pero no puedes amar a Dios y no dar a los que Él ama.
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