Vivimos en un mundo donde la presión social es muy considerable. Otros marcan la pauta y nosotros llevamos su moda, conducimos sus automóviles, citamos sus dichos o hacemos lo que nos piden . En algunos casos no importa mucho pero cuando se trata de la dirección de tu vida es otra historia. Jesús dijo: "Si el hijo os libertare (os hace hombres libres), seréis verdaderamente libres" lo que significa que eres libre de la presión que otros te imponen: libre para ser la persona que Dios quiso que fueras; libre para buscar soluciones en Dios en lugar de fijarte en los humanos. La Biblia dice: "No puede el hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo". Cuando profundizas te das cuenta de que en el fondo muchos de nosotros nos debatimos con inseguridad. Somos competitivos, siempre comparándonos con otros.
Tenemos envidia de sus posesiones , de sus capacidades y de sus logros. Nos damos cuenta de que buscamos igualarnos a ciertas personas y queremos ser como ellas. Al hacerlo nos frustramos, porque estamos operando fuera del llamado de Dios. En otras palabras, no somos nosotros mismos. Debemos entender esto: la vida cristiana es una carrera y debes correr en tu propia pista. Nunca disfrutarás la plenitud de las bendiciones de Dios hasta que te propongas ser la persona que Él dispuso que fueras. En ese día mírate al espejo y di: 'Soy lo que soy; no puedo ser alguien distinto a quien Dios dispuso. Por lo tanto, me voy a centrar en ser la mejor versión de mí mismo y disfrutar de cada momento del proceso'
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