Hay tres aspectos que describen la relación de Jesucristo con su Padre, intimidad, dependencia y obediencia. Hoy consideremos la dependencia de Dios. "....El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve al Padre hace, porque todo lo que el Padre hace , eso mismo hace el Hijo." Jesús sabía que no podía hacer nada sin su Padre, por tanto ni siquiera lo intentó. Nosotros en cambio, cantamos: "Sin Él no puedo hacer nada", pero luego actuamos como si todo dependiera de nosotros. Si triunfamos, a menudo nos volvemos tan engreídos que nadie nos puede aguantar. Y si fallamos, suele ser porque nos abrumamos por el pe4so de una tarea que Dios nunca nos encomendó.
¿No te has preguntado porque Jesús no tuvo nunca problemas de inseguridad, ni de temor al fracaso, como nosotros tenemos? La clave está en que a Él nunca pensó que no podría hacer algo que el Padre le había encomendado. Cuando tienes la seguridad de que sabes lo que Dios quiere de ti, puedes enfrentar cualquier obstáculo y oposición con confianza. Dios nunca te pedirá que emprendas nada para lo que no necesites su sabiduría y su fortaleza. De hecho, toda intervención de Dios en tu vida tiene como propósito incrementar, no disminuir, tu dependencia de Él. Tal vez digas: 'Pero tengo talento, ¡puedo hacer muchas cosas!' Sí, pero nada que importancia a los ojos de Dios. Por lo tanto, antes de empezar el día, arrodíllate y ora: "Señor, cuento contigo, y ése es mi único plan, no tengo ningún otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario