miércoles, 11 de diciembre de 2024

No temas (1)

                                           Fijémonos cómo los discípulos reaccionaron ante la tempestad del mar de Galilea y veamos si reconocemos algunas de estas características en nosotros: 1) El temor nos hace dudar del cuidado de Dios. Los discípulos le preguntaron a Jesús: "¿....No te importa que perezcamos?"  No inquirieron acerca de Su fuerza: '¿Puedes aplacar la tormenta?". ni de Su conocimiento '¿Te das cuenta de que hay una tormenta?' , ni de Sus capacidades: '¿Tienes experiencia en aplacar tempestades?' En su lugar expresaron dudas acerca de Su carácter: '¿No te importa?' Si no  lo detienes, el temor minará tu confianza en el amor de Dios y te hará olvidar Su fidelidad. 2) El temor nos lleva a buscar el control de algo. Jesús estaba dormido, así que los discípulos lo despertaron y le dijeron 'Venga, haz algo rápido' El temor se produce cuando pensamos que hemos perdido el control. Al sentirnos atemorizados nos agarramos a algún aspecto de la vida que podemos manejar--la dieta, el trabajo, la limpieza de nuestra casa o en muchos casos las personas-- Cuanto más inseguros nos sentimos, mas controladores solemos volvernos. 

                                           3) El temor nos hace olvidar. Leemos la Biblia: "....Le llevaron muchos endemoniados, y con la palabra echó fuera los demonios y sanó a todos los enfermos". ¡Excelente currículum el de Jesús! Pero el miedo nos causa amnesia espiritual, nos hace olvidar lo que Jesús ya ha hecho y lo bueno que ha sido con nosotros: ¡Cual fue Su reacción? "¿Por qué tenéis tanto miedo?" La fe no elimina el temor pero lo silencia, le roba su fuerza y nos acerca a Dios. Al ejercitarla las cosas empiezan a mejorar.

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