Cuando Pablo se definió a sí mismo como "siervo" de Jesucristo, lo hizo en el contexto de la ley del Antiguo Testamento. Según ésta, un esclavo servía fielmente a un amo durante seis años pero en el séptimo debía quedar en libertad. No obstante, si una vez libre volvía a su antiguo dueño y le decía: "Señor no te sirvo porque estoy obligado, sino porque quiero hacerlo", entonces el amo lo llevaba delante de un juez y le horadaba la oreja , lo cual significaba que le pertenecía para siempre y que el siervo se comprometía a respetarlo y obedecerlo. Ora en este día : ' Señor, no te sirvo porque tengo que hacerlo, sino porque quiero. Horada mi oreja, márcame como tu propiedad, úneme a ti para que nunca más pertenezca a nadie más.
Cuando se pierde la pasión en el ministerio, éste se convierte en una profesión más, vacía de significado. La palabra "siervo" también se refería a los esclavos de lasa galeras que estaban encadenados a un remo en los barcos romanos. Éstos remaban día y noche al son del tambor del capitán, ya fuera en batalla o en un barco mercantil. Y tenían que morir atados a ese remo. ¡Vaya imagen! Es seguramente lo que Pablo tenía en mente cuando escribió: "...Os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto". Cuando consideras todo lo que Jesús ha hecho por ti, ¿es pedirte demasiado?.
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