Alguien escribe : " A los humanos nos gusta imaginar que somos una raza de individuos duros como algunos héroes de la historia, o como "llaneros solitarios". Pero la realidad es que odiamos parecer diferentes, por miedo a ser excluidos y rechazados, o que nos tilden de fanáticos . Para evitarlo, nos conformamos a este mundo. Es una característica que se puede ver en los niños, con su deseo de agradar, en los adolescentes, quienes para seguir la corriente del grupo es tan importante, y en los adultos, cuando trabajamos todas las horas del día para tener lo mismo que el vecino.
Ser diferente, por sí solo, no tiene ningún valor, y hasta puede ser contraproducente. Lo que Dios busca en nosotros es la disposición a ser transformados radicalmente. " Así que, hermanos, os ruego....que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino que transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento...."
Para lograr esa meta, hagamos dos observaciones: 1) La transformación empieza en los creyentes. El inconverso no puede romper el control que ejerce el mundo sobre el sin Cristo, pero a los creyentes se les ha prometido que: "....mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo" El Espíritu Santo que vive en nosotros nos capacita para resistir las presiones del mundo para que sigamos su corriente. 2) El llamado de Dios es urgente: "...Hermanos ,os ruego....Rogar significa "instar" y "suplicar"; este llamado pues, no es optativo, sino vital, ¡es un impuesto divino! Dios está buscando instrumentos dispuestos a ser transformados para Su uso . ¿Estás dispuesto a decir : Sí, Señor, úsame a mí ?.
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