La transformación: 1) Demanda sacrificio. No nos resulta fácil, natural, ni es automático. Para lograrlo tenemos que llegar a ser "un sacrificio vivo" . El problema de los sacrificios "vivos" es la tendencia a querer escaparse del altar, para tener que volver a ser una y otra vez sacrificado. L salvación se produce en un instante, es una experiencia única e irrepetible , pero no así el sacrificio. Éste es un compromiso diario y continuo que hace que nuestra naturaleza obstinada sea atraída de vuelta al altar, conforme nos rendimos a Dios cuantas veces sea necesario. No esperes a que tu vieja naturaleza mejore , ni estés dispuesto a morir a menos de que sepas que tu sacrificio es totalmente genuino. No dejes que el proceso te desaliente mientras luchas por obtener la victoria; tu vieja naturaleza y tu espíritu regenerado son enemigos entre ellos porque: "estos se oponen entre sí , para que no hagáis lo que quisierais". No se trata de aniquilar la carne por completo, sino de crucificarla cada vez que quiera tomar el control, no dejes que ésta coarte o menoscabe tu compromiso a crecer espiritualmente 2) La transformación tiene dos caras : la mente y la voluntad: ".....que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios...." Eso demanda una decisión firme de la mente y de la voluntad, porque nuestros cuerpos no se van a rendir por sí solos. Hasta que no decidas firmemente "ofrecer tu cuerpo a Dios", tu carne actuará con toda libertad. "......Antes estabais entregados por entero al servicio del mal, esos es a toda clase de vicios y pecados; pero ahora debéis entregaros sin reservas al servicio de lo que es justo y santo"- Cuando cedes a tus bajos impulsos, cosechas pecado. Cuando te rindes a Dios, cosechas su bendición.
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